Han quedado atrás en el tiempo las obras dedicadas al reposo eterno de faraones, las -también faraónicas- murallas y edificios defensivos de otras épocas o las colosales catedrales, que pretendían mostrarnos piedra a piedra la grandeza de lo espiritual. Durante el siglo XX las grandes empresas, los bancos y algún que otro loco adinerado se habían convertido en los nuevos exponentes de la arquitectura y hemos llegado a acostumbrarnos a ver nuestras ciudades plagadas de enormes edificios que, aparte de su tremenda altura, poquita gracia estética poseían.
Pero ya desde hace algunos años se observa un retorno a la estética cuidada que salta a la vista, a esa que, salvo contadas excepciones, nos gusta a todos. Es el caso del famoso museo Guggenheim de Bilbao, el estupendo centro de la imagen de Poittiers, el nuevo Raigstaart alemán en Berlín, el puerto de Kyoto o la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Cada uno de estos edificios se ha convertido en el nuevo símbolo con el que la ciudad se identificará en el futuro igual que hoy se hace con la torre Eiffel en París o el Empire State en Nueva York.
El caso de Valencia es especialmente plausible ya que no es un único edificio el que consigue despertar la admiración sino que se trata de un pequeño "casco artístico" con una línea común de edificios despejados, de formas relajantes y poco comunes para lo que estamos acostumbrados a ver. Además, son construcciones destinadas al disfrute de todos en cuyo interior se puede acceder al mayor complejo lúdico y cultural de toda Europa. Aunque alguno de sus edificios más importantes aún se encuentre en proceso de construcción, la mayor parte ya es visitable. A Valencia podemos llegar en barco, en avión, en tren, en autobús, en coche... es decir: no tenemos excusa para no ir.
Además, encontrarnos con la Ciudad de las Artes y las Ciencias no es nada complicado ya que, aparte de estar perfectamente indicado, nos basta con encontrarnos el cauce del Turia y recorrer la autovía del Saler para toparnos de frente con la espléndida quilla del Palacio de las Artes, el bellísimo ojo de L'Hemisfèric o la crestería y el costillar del Museo de las Ciencias Príncipe Felipe. Un poco más allá está nuestro objetivo.
Dentro de poco hará un año desde que se inaugurara a bombo y platillo en "la Ciutat" el mayor centro marino del continente, un espacio cuidado al detalle tanto en su estética como en sus contenidos, que nos permite sumergirnos en las aguas y conocer la fauna y la flora de las regiones más relevantes de los seis continentes. Su nombre: "L'Oceanogràfic"...Sigue